Por lo expuesto se puede afirmar que el reciclado de los componentes de los equipos de computación en desuso, constituyen  una importante fuente de materias primas, siempre y cuando sean tratados en forma correcta y adecuada.
Para asegurar la operación de desguace y acopio, es necesario depositarlos en lugares aptos y habilitados, en donde es importante la higiene y seguridad del lugar como la de los operarios que realizan tales tareas, para evitar de ese modo que se constituyan en fuentes potenciales de contaminación ya sea por la producción de dioxinas, sustancias carcinógenas y por supuesto el aporte de  de una cantidad importante de contaminantes para el medio ambiente.
La basura electrónica es un problema mundial que ya alcanza a la Argentina y con la situación que se plantea porque  cada vez se consumen —y recambian—, más artefactos,  y a mayor velocidad. Una PC de última generación queda hoy en día  irremediablemente vieja en sólo un año.
Cerca del 70% de los metales pesados que contaminan los basurales a cielo abierto y basureros públicos provienen de aparatos electrónicos que las personas desechan inadecuadamente. El mercurio y el cobalto, por ejemplo, son tóxicos por inhalación, por contacto y por ingestión; y el cromo es tóxico por inhalación e ingestión. Todos estos compuestos químicos forman parte de los ordenadores y aparatos electrónicos que usamos a diario, y por supuesto que se transforman en un serio problema medioambiental cuando son dispuestos directamente a un basurero sin intentar recuperar esas componentes primero.
No es solo eso sino que actualmente este tipo de desecho representa únicamente el 1% del volumen total de los rellenos sanitarios.
Podemos imaginarnos, sin mucho esfuerzo, la cantidad de contaminantes y los daños que se desprenderán si sigue en ascenso la cantidad basura electrónica desechada inconcientemente en lugares no apropiados.
Buena  parte de la basura electrónica de países como Estados Unidos y hoy día también en Argentina, se reciclan en la India y China, donde se procesa para recuperar plomo, oro y otros metales de valor. Pero en el proceso, otros elementos como el cadmio o el mercurio pueden contaminar la tierra y el agua, por dichas sustancias tóxicas, que son cancerígenas y dañan al metabolismo y al cerebro, manejan concentraciones de dioxinas en el cuerpo siendo entre 50 y 200 veces superiores a lo normal.
Mientras los aparatos están en funcionamiento dichas sustancias no producen daño, pero al ser desechados pueden liberar los elementos mencionados, disminuyendo notablemente la calidad del agua, aire, tierra y suelo causando daños irreversibles al entorno en el que convivimos.
El reciclaje es la última opción para tratar los desechos electrónicos, y aunque no es sencillo poder aprovechar todos los componentes que contienen, existen actualmente métodos aprobados por las respectivas normas nacionales e internacionales, para procesar este tipo de desechos.
Cada parte que no se pueda reutilizar será canalizada a empresas que cuenten con la infraestructura necesaria para procesar cada uno de los componentes para que puedan ser utilizados nuevamente, por medio de empresas que utilizan estas materias primas para elaborar nuevos productos, lo cual contribuye a reducir la cantidad de recursos que se extraen del planeta y se disminuye el riesgo de que se rieguen los componentes tóxicos de forma irresponsable.
La única solución que se conoce para evitar la contaminación con estas sustancias son las plantas en las que se recuperan los componentes de los artefactos electrónicos.
En esas plantas se separan los plásticos, los metales y los circuitos de los artefactos eléctricos y electrónicos. El reciclaje de los viejos aparatos electrónicos ahorra recursos y protege el medio ambiente. Hoy ya se habla de minería urbana: en lugar de obtener los metales de las montañas, con el alto impacto ambiental generado por la extracción de oro o cobre de la roca, se puede obtener un porcentaje creciente del reciclado y refinado de metales.
En los circuitos de los artefactos electrónicos hay metales como oro, plata, paladio, iridio, germanio y cobre y los cálculos que aparecen en la bibliografía son: “Una tonelada de computadoras (equivalen a unas 83 máquinas) tienen entre 200 y 300 gramos de oro. Y una tonelada de monitores tiene entre 150 y 200 gramos de oro”. También hay que pensar que actualmente los equipos son cada vez más pequeños y por lo tanto de menor peso, lo que no reduce la peligrosidad cuando son desechadas.
En realidad en esas plantas, como es el caso de la empresa Desechos Tecnológicos S.R.L., no se extraen los metales preciosos. Simplemente separan y exportan las piezas que los contienen a otros países, donde se las funde a altísimas temperaturas y se vuelven a formar lingotes de esos metales. A diferencia del papel, que solo puede reciclarse entre tres y ocho veces, el oro y el resto de los metales preciosos pueden reaprovecharse infinitamente.
Según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), cada año se generan en el mundo casi cincuenta millones de toneladas de basura electrónica, es decir, restos de computadoras obsoletas, teléfonos celulares y otros aparatos
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